No sé por qué hay sombras jugueteando en la acera de enfrente bajo la farola.
No sé por qué las ramas de los árboles se mueven al compás del viento, ni sé por qué la brisa parece que silba una vieja canción en mis oídos.
No sé por qué las hojas que caen secas me rozan la piel y me hacen pensar que el tiempo pasa y que yo me quedo aquí.
No sé por qué al pisar la hojarasca siento que el pasado cruje bajo mis pies, que últimamente se me encogen los tendones si me pongo a recordar.
No sé por qué los gatos que maullaban en los tejados han bajado al suelo a arañarse y destrozarse los ojos. Tienen las uñas ensangrentadas de trepar por sus columnas vertebrales con intenciones de matar. Dejan el surco de sangre y vuelven a la basura a sobrevivir. A la noche siguiente vienen de nuevo a mi ventana y sus gritos me perforan el sentido y sé que aunque salga a asustarlos... Se matarán en otra parte si se van.
No sé por qué las sombras que veo se convierten en luces.
No sé por qué su retrato se cae tan a menudo de mi estantería.
No sé por qué ya me da miedo fumar.
No sé por qué acaricio mis labios si escucho besos en la habitación de al lado. No sé por qué las risas me aprietan el corazón.
No sé por qué tengo el pelo tan seco y no sé por qué no he llorado hoy.
No sé por qué se me eriza el vello cuando los pájaros cantan de noche. Y no sé por qué no duermo.
No sé por qué hace tanto que no escribo, como tampoco sé lo que me frena.
No sé por qué las velas ya no huelen a manzana y a canela.
No sé por qué mi perro ya no quiere caminar.
No sé muchas cosas. Me hago muchas preguntas que no comparto con nadie: ¿En qué me he convertido? ¿Por qué? ¿Para qué hago esto? ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cuándo ha ocurrido?
Y seguramente, como dijo Fito, "Puede ser que las respuesta sea no preguntarse por qué", ya que no quiero las respuestas a esas preguntas.
Lo único que sé a ciencia cierta es que este corazón negro ya no puede más.
Lo único que sé es que se acabó.
Lo único que sé es que no voy a volver. Lo único que sé es que este papel está tan sucio que no mejor no es pasar página, sino arrancarla de cuajo y escribir una historia mejor. Siempre habrá un escritor que arranque páginas de su cuaderno y las tire aunque, ¿quién sabe? A lo mejor las historias que se queman en las chimeneas arden mejor que las que guardan los libros de pasta dura.
No sé. Ni quiero saber nada.
Solo sé que se acabó.
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