viernes, 13 de abril de 2012

Alternativa.

La conocí en clase de Latín.
Vestía con ropa ancha, que le favorecía a su cuerpo delgado. Las argollas de sus orejas quedaban cubiertas por una espesa melena de pelo rizado castaño rojizo. Tenía los ojos más raros que había visto nunca, de un verde intenso parecido al bambú. El piercing del labio inferior la hacía interesante. Se pintaba las uñas de colores estrafalarios y tenía una especie de debilidad hacia los zapatos deportivos.
Me acerqué a ella porque me pareció la más normal del grupo. Sabía que no me juzgaría. Aunque yo no podía desprenderme de los prejuicios. Veníamos de mundos completamente diferentes... Yo atravesaba una crisis de identidad importante y ella me ofreció a sus amigos. No había secretos entre nosotras, nos unimos en poco tiempo y cuanto más la conocía, más unida me sentía a ella. Se convirtió en mi mejor amiga. Siendo diferentes y a la vez muy parecidas.
Decidió desaparecer durante un tiempo. Se sentía extraña en esta sociedad. "Ella no pertenece a este lugar", pienso a menudo. Y escribía. Escribía cartas para nadie, hacía fotos con símbolos que no lograba descifrar. Se enamoró, aunque ella no lo sabía. Y colgó los pantalones militares para ponerse vestidos estampados y alisó su pelo. Se quitó las joyas y decidió mostrarse natural, como siempre ha sido. Como nunca dejará de ser.
Y volvió a por mí y me ayudó a escapar de la sociedad, como había hecho ella. Tranquilizaba mi ansiedad con café y solíamos pasear por la plaza vestidas como en una película de los años 20, ocultando la mirada bajo unas gafas de sol en días nublados y sonriendo a todo aquel que juzgaba mi gabardina y sus gafas azules.

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