Escribiré en primera persona.
Más de un siglo de lucha comunista contra la opresión del "señor".
Toda la Historia se resume en sublevación. Guerras y batallas perdidas con el mismo fin: La libertad.
Imposible es definirla. Es un concepto abstracto. Si preguntáramos a todo el mundo qué es la libertad obtendríamos infinidad de respuestas diferentes. ¿Quieren que les diga qué es para mí la libertad? La libertad para mí es callarme entre tanto ruido.
El ruido, que provoca confusión. Somos ovejas descarriadas que seguimos la estela del más fuerte sin derecho a preguntar "por qué". Pero no lo olviden: Ellos mandan porque nosotros obedecemos.
Mucho se ha andado y luchado por conseguir lo que tenemos hoy día. Nuestros mayores siempre dicen que no valoramos lo que tenemos. Y tienen mucha razón, y no valoramos porque no hemos sufrido, porque nuestra generación, jóvenes, se ha limitado a disfrutar lo que otros muchos pelearon para conseguir.
Los jóvenes de hoy día somos unos incultos, personas que desconocen su Historia, una Historia que siempre ha sido contada desde los ojos de los vencedores y no de los vencidos.
¿Por qué estamos aquí? Infórmense. ¿Qué pasó para que pudiéramos tener lo que disfrutamos hoy? ¿Qué tenemos? Los que nuestros ancianos no pudieron tener: Plenitud, felicidad y paz.
La sociedad se ha vuelto materialista y no sabe que está vacía. Los placeres más pequeños son los que nos dan esa libertad ansiada que no pudo ser contemplada por quienes lucharon por ella.
Para ser libre, hay que desatarse.
Pero la gente quiere vivir tranquila y no quiere luchar... No estamos cansados, simplemente nos hemos vuelto cómodos. La sociedad se ha vuelto conformista y envidiosa.
Para que el mundo cambie, primero tenemos que cambiar los que vivimos en él. Y no se cambia sin esfuerzo y sacrificio.
Jóvenes incultos, levantaos y sangrad por lo que es nuestro. Aunque, ¿para qué luchar? Se vive mejor sin preocupaciones... Nuestros muertos del 36 al 39 llorarían al ver que su muerte anticipada solo ha servido para antarnos aún más al consumismo y el dinero.
Jóvenes incultos... Me da pena que desconozcáis vuestros orígenes y el porqué estamos aquí. No nos damos cuenta de que el dinero ni siquiera ayuda a conseguir la felicidad, sino que nos priva de nuestra libertad como seres humanos... Si seguimos obedeciendo, acabaremos siendo los más ricos del cementerio y no disfrutaremos de los pequeños placeres que nos da la vida, como el desarrollo de una flor o abrazar un libro al terminar de leer.
España, una bazofia grande y libre de personas cultas.
domingo, 8 de mayo de 2011
domingo, 1 de mayo de 2011
La Historia actual.
Vivían en un pueblo obrero históricamente, donde, a pesar de que gobernaba el partido de izquierdas del momento, se defendían las imágenes de la Semana Santa y se pasaban el dinero bajo cuerda.
Durante la Guerra Civil, el pueblo había sido tomado por los franquistas, y el proletariado se pateaba las calles sin zapatos y sin ganas de vivir, buscando alguna manera de alimentarse.
La gente moría en las calles sin adoquinar, algunos fatigados de trabajo, otros, de inanición.
Muchos habían conseguido abandonar el pueblo para ir a trabajar a la ciudad, que no quedaba muy lejos. Otros, se habían quedado allí, con pequeños comercios que daban pocos duros, como jornaleros o, si tenían suerte, ayudando al cura del lugar.
Gracias a aquellas familias de los años 40 en adelante, el pueblo evolucionó y se convirtió en una pequeña ciudad separada de la capital por el río Guadalquivir.
Había llovido mucho desde entonces. La paz llegó con la democracia, una democracia anhelada que en los tiempos que corrían no era ni la sombra de lo que fue. La monarquía se había asentado en España y el pueblo trabajaba para ella. Por aquella época, el país era gobernado por un partido de izquierdas que hacía política de derechas. El presidente había comparado a España con un transatlántico el mismo día que se cumplían 99 años del hundimiento del Titanic, el mismo día que se cumplían 80 años de la proclamación de la II República, el mismo día que hacía pocos años había reconocido públicamente que España estaba en crisis. Una crisis económica que, sin comerlo ni beberlo, había llevado a muchísimos padres de familia a la ruina debido a los ERE. La delincuencia, los accidentes de tráfico, los desahucios y el consumo de tabaco habían crecido considerablemente.
A algunas familias no les habían afectado los despidos colectivos, pero las reducciones de sueldo y pensiones eran como picaduras de mosquito, con las que un día los trabajadores volvían a casa y decían a sus hijos: “Hoy me ha tocado a mí”.
Distraían al pueblo permitiendo que hubiera diputadas en el Congreso, diputadas que prohibían las descargas en Internet exponiendo que era una pérdida de ingresos considerable y que sería un recuerdo después de su aprobación. Diputadas que prohibían fumar en los bares y restaurantes y permitían que se vendiera tabaco en dichos establecimientos, establecimientos que se habían hipotecado por acondicionar sus locales con salas de fumadores y no fumadores. Diputadas que no creían en la Gramática española e inventaban palabras sin hacer caso de la economía del lenguaje y vestían como hombres para hacernos creer en la igualdad. Diputadas que se negaban a viajar en la clase Turista de un avión porque afirmaban que sus viajes eran de trabajo.
Durante la Guerra Civil, el pueblo había sido tomado por los franquistas, y el proletariado se pateaba las calles sin zapatos y sin ganas de vivir, buscando alguna manera de alimentarse.
La gente moría en las calles sin adoquinar, algunos fatigados de trabajo, otros, de inanición.
Muchos habían conseguido abandonar el pueblo para ir a trabajar a la ciudad, que no quedaba muy lejos. Otros, se habían quedado allí, con pequeños comercios que daban pocos duros, como jornaleros o, si tenían suerte, ayudando al cura del lugar.
Gracias a aquellas familias de los años 40 en adelante, el pueblo evolucionó y se convirtió en una pequeña ciudad separada de la capital por el río Guadalquivir.
Había llovido mucho desde entonces. La paz llegó con la democracia, una democracia anhelada que en los tiempos que corrían no era ni la sombra de lo que fue. La monarquía se había asentado en España y el pueblo trabajaba para ella. Por aquella época, el país era gobernado por un partido de izquierdas que hacía política de derechas. El presidente había comparado a España con un transatlántico el mismo día que se cumplían 99 años del hundimiento del Titanic, el mismo día que se cumplían 80 años de la proclamación de la II República, el mismo día que hacía pocos años había reconocido públicamente que España estaba en crisis. Una crisis económica que, sin comerlo ni beberlo, había llevado a muchísimos padres de familia a la ruina debido a los ERE. La delincuencia, los accidentes de tráfico, los desahucios y el consumo de tabaco habían crecido considerablemente.
A algunas familias no les habían afectado los despidos colectivos, pero las reducciones de sueldo y pensiones eran como picaduras de mosquito, con las que un día los trabajadores volvían a casa y decían a sus hijos: “Hoy me ha tocado a mí”.
Distraían al pueblo permitiendo que hubiera diputadas en el Congreso, diputadas que prohibían las descargas en Internet exponiendo que era una pérdida de ingresos considerable y que sería un recuerdo después de su aprobación. Diputadas que prohibían fumar en los bares y restaurantes y permitían que se vendiera tabaco en dichos establecimientos, establecimientos que se habían hipotecado por acondicionar sus locales con salas de fumadores y no fumadores. Diputadas que no creían en la Gramática española e inventaban palabras sin hacer caso de la economía del lenguaje y vestían como hombres para hacernos creer en la igualdad. Diputadas que se negaban a viajar en la clase Turista de un avión porque afirmaban que sus viajes eran de trabajo.
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