sábado, 21 de junio de 2014

Ciega de todo.

Tras el silbido de la serpiente de luz que llevaba al corazón de los amantes se podía oír al amor que los llamaba a besos desde una botella de cerveza vacía a los pies de la hondonada. 
Después, desnuda, se posó en su estómago y escuchó el sonido grave de su voz cantando las canciones de un catalán. 
Como si aquello hubiera sido poco, puso en marcha el motor y pasaron de largo dejando atrás la luna, los gatos y la cerveza. Solo los siguió el polvo que levantaba el calor de sus voces. 
Una cerveza más apurada, dieron un rodeo cascando las gargantas y despidiendo la noche con el compás de sus palmas y el chasquear de sus dedos de artistas, celebrando que la ilusión y la inspiración volvían a ellos como en aquel Noviembre de café y frío, riendo y cantando, esperando un nuevo amanecer. 
Ella lo escribe ahora, borracha de la madrugá, con el reflujo de la cerveza aún en su estómago y la luna aún hechizándola. 

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