Anoche me encontraba como casi todas las noches. Comiendo palomitas, viendo alguna serie online y acariciando a mi perro con los pies. Entre capítulo y capítulo, me levantaba, abría mi paquete de Lucky Strike y me sentaba en la mesa a mirar por la ventana. Y pensé.
Pensé, "¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Hacia dónde voy?".
Había sido un día duro. Un examen, mil currículums, típica bronca con mi madre y por último... Me quedaban dos días para cumplir los 21...
Me sentí muy mayor. Entonces, hice un repaso a mi biografía y me di cuenta de que no estoy haciendo nada por mí. Sé que no he perdido el tiempo, pero miro a mi alrededor y no puedo evitar compararme con otras personas. Y pensé... "Quieres ser escritora, estúpida y nunca llevas un bolígrafo en el bolso. ¿Qué quieres contar? ¿Qué puede interesarle a los lectores de ti?". Y me di cuenta de que apenas tengo historias. Era verdad, ¿qué voy a comunicar al público? ¿Tengo algo especial que contar? Y cuando apagué el cigarro, las cenizas y la lumbre hicieron contacto. Incluso pudo oírse el sonido del chisporroteo del papel. Y lo vi. Vi mi historia. Y vi que nadie podría contar algo similar. Una de mis mejores amigas suele decirme que mi vida es una novela... Y ahora la entiendo. Voy a escribirla, esta historia no puede quedarse solo en mi memoria.
La gente tiene derecho a vivir lo que yo he vivido. Y voy a compartirlo con ellos.
Dedicado a todas esas personas que se sienten vacías y sin ánimo. Y un saludo muy especial a mi amiga María del Mar, porque ella y solo ella sabe cómo acontecieron los hechos y merece ser parte de mi historia.
martes, 12 de junio de 2012
martes, 5 de junio de 2012
Aire.
“A
medio pulmón hay cosas que te debo, alguna canción, un corte de
pelo, un baño de espuma y echarte más de menos”.
De
nuevo el insomnio decidió que hoy a él le tocaba arriba. Me senté
en la mesa y en la penumbra de mi habitación me vi reflejada en el
espejo. Llevaba mucho tiempo queriendo ser quien soy.
Miré la escribanía y vi aquel papelillo con sus números de teléfono y una canción. Me encendí un cigarro para escucharla. Pero no era Carlos Chaouen quien cantaba, sino él. Y me dijo las cosas que nunca me había dicho. Las cosas por las que me fui. Y las lágrimas cayeron hasta mi pecho, donde quería que él estuviera, para decirle que no me fui por su culpa. Decirle que el tintero seguía lleno de historias felices que contar. Y sobre todo para reprocharle una vez más que la única cosa que nunca me dijo era exactamente por la que me fui.
Pero él solo es responsable de haberme hecho crecer, de abrirme los ojos para poder mirarlo y de haberme dado el impulso y el valor para dejarlo todo por él.
Y tiene razón cuando dice que las cosas que nunca me dijo estaban de otra forma en el silencio... Porque él me enseñó a tirar puertas abajo. A no rendirme, a pesar de que él se rindiera. A pesar de haber esperado tanto. A pesar de haber vivido a medio pulmón durante mucho tiempo.
Miré la escribanía y vi aquel papelillo con sus números de teléfono y una canción. Me encendí un cigarro para escucharla. Pero no era Carlos Chaouen quien cantaba, sino él. Y me dijo las cosas que nunca me había dicho. Las cosas por las que me fui. Y las lágrimas cayeron hasta mi pecho, donde quería que él estuviera, para decirle que no me fui por su culpa. Decirle que el tintero seguía lleno de historias felices que contar. Y sobre todo para reprocharle una vez más que la única cosa que nunca me dijo era exactamente por la que me fui.
Pero él solo es responsable de haberme hecho crecer, de abrirme los ojos para poder mirarlo y de haberme dado el impulso y el valor para dejarlo todo por él.
Y tiene razón cuando dice que las cosas que nunca me dijo estaban de otra forma en el silencio... Porque él me enseñó a tirar puertas abajo. A no rendirme, a pesar de que él se rindiera. A pesar de haber esperado tanto. A pesar de haber vivido a medio pulmón durante mucho tiempo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)