miércoles, 17 de noviembre de 2010

Psique y Eros

Un revoltijo de preguntas en mi cabeza.
Quiero separar a Psique de Eros.. Pero Psique todavía tiene la venda en los ojos. Eros quiere que así sea. Y a Psique aprece que le importa poco estar ciega para consumar su amor. Sólo quitándose la venda conseguira que Eros se marche, el muy cobarde. O ¿es Eros quien tiene la venda puesta? ¿Debería Psique quitársela para que pueda ver? No, no es posible. Yo soy el Eros y él es la Psique. Él ya se ha quitado la venda, ya sabe quién soy. Debí echarlo de mi lado cuando todo empezó, así le habría ahorrado el sufrimiento. Pero mi amor es egoísta y lo quiero a él para mí. Eso me dijo él en uno de neustros últimos encuentros.
¿Qué pensar? ¿Cuándo miente? ¿Cuando con los ojos fuera de las órbitas gritaba que me amaba, o cuando me gritaba, sereno, que no quería estar nunca más conmigo? Quizás gritaba para hacerse oír él mismo. Quizás no estuviera seguro. ¿Es este el fin? Si lo fuera, yo lo sabría. Pero todavía lo siento mío. Y cuando lo miro más segura estoy de ello.
Me enamoré, por fin. Me gusta estar enamorada, aunque no me corresponda.
No debería escribirle, no debería llamarlo, no debería hacer nada por él... Eso acrecentaría su enfado.
¿Por qué estoy así por un hombre que no quiere estar conmigo? "Estúpida", me insulto yo misma. Pero es que cada vez que me hago esta pregunta, siempre aparece en mi mente la misma imagen, el mismo recuerdo: Baños árabes. La paz, la relajación, la intimidad de aquel lugar. Y él conmigo, abrazándome en el agua templada, besándome entre perfumes y tomándome las manos para nadar hasta él.
Demasiado dolor. Demasiado amor.
No quiero sacarlo de mi cabeza, eso me duele aún más.
Egoísta por no querer sufrir. Egoísta por querer tenerlo a mi lado contra su voluntad. Egoísta por querer darle algo que no quiere tomar.
Y al pensar esto, lo odio, y cuando lo odio su sonrisa torcida aparece ante mis ojos y no tengo más remedio que devolvérsela y pedirle mil veces perdón por haber pensado cosas feas de él. Y le digo a su fantasma lo que siempre solía decirle a él cuando todavía vivía conmigo: "Mi vida, sabes que no puedo enfadarme contigo".

Escrito el 22 de Octubre de 2010.

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