jueves, 22 de enero de 2015

Piedra.

Hay un dicho popular casi tan antiguo como la humanidad que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. 
Es cierto.
El problema reside en cuando le cogemos cariño a la piedra, la recogemos del suelo y nos empezamos a golpear la frente con ella. La autolesión nos lleva quizás a dejar escapar ese dolor que nos oprime el alma y que nos impide gritar porque pensamos que no merecemos ser escuchados. Es un término psiquiátrico.
Supongo que llegará un momento en que de tanto golpear la piedra, se deshará. Malheridos e intentando en vano sacudirnos todo el polvo y la grava que ensucia nuestro cuerpo, definitivamente miraremos al frente y nos cegará el sol. Hemos permanecido demasiado tiempo estáticos ante la adversidad.
Sucios y a trompicones intentaremos divisar algún punto de apoyo en la lejanía sin mirar atrás, Probablemente habremos olvidado cómo se camina, habrán aparecido fobias infundadas y nos encontraremos desorientados, dando la espalda al maltrecho camino que nos ha hecho caer y sin volver la vista atrás ni siquiera para aprender.
Y yo me pregunto, ¿habrá merecido la pena o la alegría haber sacrificado un camino a cambio de los golpes de esta piedra? Es más, ¿realmente era necesario sufrir tanto por nada?


"Dando la espalda al maltrecho camino"

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