PARTE I aquí: http://inmakau.blogspot.com.es/2014/12/hay-una-niebla-abrumadora-y-la-calle.html
Miré a mi alrededor pero no había nadie. Sentía latir mi corazón en las sienes y la garganta. Todavía quedaba camino para llegar al bar.
- ¡Oye!
Era ese hombre, me estaba llamando. Entonces paré. Me metí las manos en los bolsillos del pantalón buscando el mechero y lo agarré por si acaso. Le quemaría las pestañas si se acercaba. Lo miré.
- ¿Qué?
No era un hombre, era un chaval. Era el chaval del monólogo.
- Tranquila, mujer, ¿quién te creías que era?
- Todavía no estoy segura de quién eres.
- Pues soy el caballero que te trae el abrigo que te has olvidado allí.
Alargó el brazo y vi mi abrigo gris. Recordé el frío que tenía y me lo puse rápido.
- Gracias, precisamente iba a buscarlo. - Le dije con una sonrisa forzada.
- Te lo iba a atraer Ana, pero le he pedido el favor de que me dejara traértelo yo mismo.
No me gustaba el rumbo que estaba tomando esa conversación.
- Pues muchas gracias, caballero. Me tengo que ir. Genial el monólogo, eh. - Le dije alejándome unos pasos.
- ¿Puedo acompañarte al autobús?
"¿Por qué no se va? ¿Por qué no me deja sola con mi ansiedad y mis problemas?"
- Vengo en coche y no necesito que me acompañe nadie, gracias.
"Qué borde de mierda soy", pienso para mí.
- ¿Y si viene un asesino con sed de sangre?
No lo pude evitar y me reí. Le dije adiós tres veces y a la tercera se fue.
En el trayecto de camino a casa pensé en cómo la imaginación es mi peor enemiga y en cuánto daño me hace... Si pudiera usarla solo para soñar cosas bonitas... Y no para torturarme vilmente con escenas crueles.
Pensé en ese chaval. En qué podría haberlo movido a traerme el abrigo.
Y aquí sigo en el coche, dándole vueltas mientras fumo, escucho Fito y Fitipaldis en la radio y escribo con un lápiz de Ikea por detrás del guión de una obra de teatro.
No quiero volver a casa. Aún no.
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