Anoche me encontraba como casi todas las noches. Comiendo palomitas, viendo alguna serie online y acariciando a mi perro con los pies. Entre capítulo y capítulo, me levantaba, abría mi paquete de Lucky Strike y me sentaba en la mesa a mirar por la ventana. Y pensé.
Pensé, "¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Hacia dónde voy?".
Había sido un día duro. Un examen, mil currículums, típica bronca con mi madre y por último... Me quedaban dos días para cumplir los 21...
Me sentí muy mayor. Entonces, hice un repaso a mi biografía y me di cuenta de que no estoy haciendo nada por mí. Sé que no he perdido el tiempo, pero miro a mi alrededor y no puedo evitar compararme con otras personas. Y pensé... "Quieres ser escritora, estúpida y nunca llevas un bolígrafo en el bolso. ¿Qué quieres contar? ¿Qué puede interesarle a los lectores de ti?". Y me di cuenta de que apenas tengo historias. Era verdad, ¿qué voy a comunicar al público? ¿Tengo algo especial que contar? Y cuando apagué el cigarro, las cenizas y la lumbre hicieron contacto. Incluso pudo oírse el sonido del chisporroteo del papel. Y lo vi. Vi mi historia. Y vi que nadie podría contar algo similar. Una de mis mejores amigas suele decirme que mi vida es una novela... Y ahora la entiendo. Voy a escribirla, esta historia no puede quedarse solo en mi memoria.
La gente tiene derecho a vivir lo que yo he vivido. Y voy a compartirlo con ellos.
Dedicado a todas esas personas que se sienten vacías y sin ánimo. Y un saludo muy especial a mi amiga María del Mar, porque ella y solo ella sabe cómo acontecieron los hechos y merece ser parte de mi historia.
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