martes, 5 de junio de 2012

Aire.


A medio pulmón hay cosas que te debo, alguna canción, un corte de pelo, un baño de espuma y echarte más de menos”.
De nuevo el insomnio decidió que hoy a él le tocaba arriba. Me senté en la mesa y en la penumbra de mi habitación me vi reflejada en el espejo. Llevaba mucho tiempo queriendo ser quien soy.
Miré la escribanía y vi aquel papelillo con sus números de teléfono y una canción. Me encendí un cigarro para escucharla. Pero no era Carlos Chaouen quien cantaba, sino él. Y me dijo las cosas que nunca me había dicho. Las cosas por las que me fui. Y las lágrimas cayeron hasta mi pecho, donde quería que él estuviera, para decirle que no me fui por su culpa. Decirle que el tintero seguía lleno de historias felices que contar. Y sobre todo para reprocharle una vez más que la única cosa que nunca me dijo era exactamente por la que me fui.
Pero él solo es responsable de haberme hecho crecer, de abrirme los ojos para poder mirarlo y de haberme dado el impulso y el valor para dejarlo todo por él.
Y tiene razón cuando dice que las cosas que nunca me dijo estaban de otra forma en el silencio... Porque él me enseñó a tirar puertas abajo. A no rendirme, a pesar de que él se rindiera. A pesar de haber esperado tanto. A pesar de haber vivido a medio pulmón durante mucho tiempo. 

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