- Aquí tenéis los papeles, tú serás la princesa.
- ¿Y por qué yo?
- Eres la que mejor se adapta al papel. Eres guapa, débil y sensualmente tonta.
- ¡No quiero ser la princesa!
Os resumiré la historia: El príncipe es el chico guapo que tiene mucho dinero. Está fuerte y no va al gimnasio, viene de serie. Tiene estudios pero nunca ha terminado de leerse un libro. Eso también viene de serie. La princesa ha sido secuestrada por los malos que quieren apoderarse del mundo. La misión del príncipe es rescatarla para casarse con ella e irse a vivir juntos a un palacio de ensueño donde todo el pueblo los adora y les hace regalos. Poco después tendrán varios hijos y serán muy felices.
- Esa historia está vacía. - Dijo la actriz.
- No está vacía. Es la misma historia que os cuentan a todas desde que nacéis. Es vuestra función.
En ese momento sentí que algo hervía en mi interior y comprendí que el director de la obra era un cínico machista que no merecía mi respeto. Necesitaba el dinero que me pagaban por representar, y acaté sus órdenes. Pero las cosas cambiarían.
El día del estreno el teatro se llenó. Había venido toda mi familia y todos mis amigos.
Me habían vestido de princesita con un corsé que apenas me dejaba respirar y unas faldas rosa fucsia. La corona era de plástico y el maquillaje, exagerado.
- Pórtate bien. - Me dijo el director acariciándome la mejilla.
Se abrió el telón y comenzó la obra. Me aburría. Hasta que llegó mi momento.
- Oh, princesa, ya no tenéis anda que temer. Yo os he rescatado de los malvados piratas. Ahora os casaréis conmigo y os daré todo cuanto poseo para vuestra felicidad.
- No lo quiero.
El público empezó a murmurar, el director se dio con el guión en la cabeza. Había estropeado su obra.
- Esto... Princesa, creo que no me entendísteis...
- Perfectamente... La mujer desde tiempos inmemoriables ha estado sometida al yugo del hombre, el sexo fuerte, ¿no? ¿Por qué ser una dama implica ser débil, tonta y hermosa? ¿Por qué una chica guapa no puede tener estudios, por qué no puede ser inteligente? ¿Por qué se nos ha impuesto la única función de tener hijos y satisfacer a los hombres? Yo no quiero casarme con un príncipe guapo y rico. Yo quiero que venga un plebeyo inteligente, que no tenga nada y que a la vez lo tenga todo... Que me enseñe a vivir y que yo lo enseñe a escribir... Que me cuente historias de la Luna y que me abrace cuando haga frío...Que me recuerde que no estoy sola y que me reconozca como la parte que le faltaba para completarse. No quiero ver militares ni princesas, no quiero ver injusticias, no quiero ricos ni reinas... Quiero ser una mujer. Una mujer que elige, que tiene conciencia y que se niega a ser una mantenida. No somos menos...Somo más.
Acto seguido bajé del escenario, las mujeres aplaudían, algunas pegaban a sus maridos, otras se habían quitado el sujetador y gritaban "¡Libertad!" y otras, se habían quedado pensativas... En ese momento alguien me agarró de la mano... Era el príncipe.
- Quizás te engañen mis formas y piensas que soy un príncipe... Debajo de este yelmo solo hay un hombre...Pidiendo que lo amen. No tengo la sangre azul, solo tengo 10€ en el bolsillo...Pero tengo mucho amor que dar... Y te quiero.
- No seas moñas. - Le dije. - Mi verdadero príncipe me está esperando en la puerta.
Y efectivamente allí estaba, con su camiseta de los Gremlimns y un Fiat Punto azul. Aceleró y nos perdimos entre el humo del atardecer, dejando atrás al príncipe Fanfarrón y a todo su séquito de gandules.
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